ACLU Smart Justice Arizona

Casos
El Daño Humano de la Encarcelación

La encarcelación en masa del estado de Arizona tiene efectos devastadores sobre individuos y sus familias. Muchas personas que estuvieron en la cárcel continúan siendo castigados por sus crímenes aún luego de completar su sentencia, mientras luchan por integrarse a la comunidad. Estos son sus casos. Queremos escuchar el suyo.

Shawna Roman era madre de dos cuando originalmente entró al sistema de justicia criminal. Shawna dice que encontró una barrera muy grande cuando su esposo la abandonó. “Me converti en una persona rota” dice Shawna. Mientras estuvo en la prisión a Shawna le negaron transportación a participar en las audiencias de custodia. Como no atendió a las audiencias Shawna perdió su derecho a contactar sus hijos por defecto. “Ni siquiera se acuerda de mí” dice Shawna de su hijo más joven. “Mi hijo mayor le habla de mí. Piensa buscarme cuando tenga suficiente edad para hacerlo”. La primera que salio de la prisión, Shawna vivió en las calles. La falta de servicios necesarios para que se pusiera de pie por sí misma condujo a dos arrestos adicionales. Shawna está ahora enfocada en mejorar su vida, con la esperanza de ver sus hijos otra vez. Quiere reformar el sistema judicial de Arizona para que ofrezcan más servicios de rehabilitación para aquellas personas que lo necesitan luego de pasar por una crisis en su vida.

Eugene Glover pasó 14 años en una prisión en Arizona donde, él piensa, no recibió cuidado médico adecuado. Siendo diabético, Eugene piensa que el Departamento de Correcciones de Arizona no tomó sus necesidades médicas en serio. Eugene piensa que la falta de programas de entrenamiento para reingreso a la sociedad es responsable por la cantidad de personas que son mandadas otra vez a la cárcel. Cuando salió de la prisión su falta de conocimiento de tecnología básica lo puso en desventaja para buscar trabajos. “Voy a buscar trabajo y me dicen que tengo que buscarlo por en línea. ¿En línea? ¿Qué quieres decir por en línea? No tengo idea de la tecnología nueva”. Eugene ahora está empleado y está aprendiendo a usar un teléfono celular. También está en contacto con su familia luego de haber perdido contacto con ellos por años. “En lo que se respecta a mi libertad, no estar encerrado, y tener mi familia envuelta en mi vida otra vez, es el, regalo más grande que he podido recibir en mi vida” dijo Eugene.

Khalil Rushdan creció en una familia con ocho hijos. Cuando tenía 13 años, desesperado por ayudar su familia, comenzó a vender drogas. Cuando tenía 22 lo declararon culpable de un asesinato que él no cometió. Los cargos se originan en una venta de drogas en el Condado de Pima. Fué intermediario en una transacción y no tenía idea de que la venta, en la que él no participó directamente, terminaría en un asesinato. Cuando fiscal del condado de Pima no pudo condenar al verdadero culpable dirigió su caso a Khalil. Khalil pasó 15 años en la cárcel, antes que un juez revocara su condena con evidencia de persecucion vengativa . Aúnque Khalil está libre, nunca tuvo el chance de ver a su hija crecer y faltó en momentos importantes con su madre, quien murió pronto después que saliera de la cárcel. “Esas son cosas a las que no puedo recuperarr” dijo Khalil, quien ahora trabaja con por ACLU of Arizona’s Campaign for Smart Justice, y sirve como mentor a otras personas que han salido de la cárcel. “Luego que salí y sintiendo agradecimiento por tener otra oportunidad, yo pensé, tengo que devolver esta oportunidad” dijo Khalil.

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